Parece mentira que hayan pasado dos años desde la última vez que escribí. Empezaba Bachillerato, 16 años. Cuando quise darme cuenta ya habían pasado los exámenes finales y Selectividad tras ellos. Aquella incógnita sobre mi futuro parece haberse resuelto, al menos en parte: al fin decidí qué iba a estudiar. Llegó el verano, lleno de expectativas. Algunas se cumplieron y otras acabaron siendo pisoteadas por las botas de otros. Pero el verano terminó, y dejó paso a un tiempo lluvioso y frío.
Y aquí estoy yo, a las puertas de la universidad, a menos de una semana de tener que levantarme todos los días a las seis de la mañana para asegurarme de no llegar tarde a las clases de Diseño Industrial. Hoy, nublado 22 de septiembre, me preparo mentalmente para comenzar un curso de unas semanas de guionista. Sí, me gusta escribir... pero nunca imaginé que tendría esta oportunidad. Impaciente y nerviosa, así me encuentro. Algo nublada, también; una mínima parte de mí desearía quedarse en casa. Una parte que se va a tener que aguantar, porque no pienso faltar a mi cita de hoy.
Eso si ningún vecino-tirapetardosalosperrosdelacalle me lo impide. Crucemos los dedos.